La novedosa máquina para recargar el celular mientras miran partidos de tenis

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Unas 35.000 personas por día se movilizan en Roland Garros . Apasionadas por ver tenis, por conseguir sus productos de merchandising y también de disfrutar de momentos de esparcimiento y encuentros con amigos, sobre todo al caer la tarde.

Nada ha cambiado mucho en ese sentido con el transcurso de los años. Aunque sí los hábitos de la gente a partir de la tecnología. Llegar al tradicional complejo en el Bois de Boulogne en Metro, por ejemplo, no difiere de las imágenes que uno podría ver en un subte de Buenos Aires (y de muchos lugares del mundo): gente atrapada con sus celulares. Aunque, vale rescatarlo, en París parece ir recuperándose el hábito de la lectura de libros durante los trayectos.

A veces, como ocurrió en estas primeras jornadas, hubo entre 10 y 11 horas de tenis. Actividad que arranca a las 11, aunque la gente empieza a llegar desde las 10-10.30. ¿Qué es lo peor que le puede pasar? En otros tiempos decíamos “que llueva”: es difícil protegerse cuando se habla de esa cantidad de espectadores, pero Roland Garros tiene muchos recovecos. Podríamos apuntar también “que haga calor arriba de los 30 grados”: nada que no haya sucedido en varios días, incluso hoy, y perfectamente combatible.

¿Cuál es el mayor problema hoy? Aunque parezca mentira, haberse olvidado de recargar debidamente el smartphone. Imagínese esa situación en el Buenos Aires o mirando Copa Davis. Sí, usted dirá “qué relevancia tiene eso si voy a ver tenis”. Sabemos que la tiene.

En algunos puntos de Roland Garros, las soluciones de avanzada no dejan de sorprender. Y una de ellas es un novedoso sistema de recarga que hay para olvidarse del problema y disfrutar a pleno del tenis. El procedimiento es sencillo. Primero, se apoya un dedo en un lector, como cuando pasa por migraciones en el aeropuerto. Luego, coloca una moneda que extrae de uno de los costados del panel y la coloca: automáticamente se abre un compartimiento. Allí dentro, hay distintos USB para conectar su celular, que quedará ahí dentro el tiempo que considere necesario. Cierra la cajuela y se va a disfrutar de Roland Garros.

¿Cómo sigue la historia? Cuando necesita su teléfono, vuelve a la máquina, apoya otra vez el mismo dedo en el lector y la caja se abre. Tema concluido y problema de recarga solucionado. Lo único que no puede hacer el usuario es olvidarse de que dejó el celular ahí. Y cuando vuelve, seguramente podrá disfrutar de un buen rosé en una de las terrazas del complejo. Servicios que, en definitiva, contribuyen para que nada perturbe un buen día de tenis en Roland Garros.

TOMADO DE LA NACIÓN 

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