Así le fue de mal a mi madre entrando a España sin Visa Schengen. Relato de la periodista Erika Antequera

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Mi madre tiene 64 años, una pensión del Estado y sus tarjetas de crédito la certifican como cliente platino porque jamás ha tenido una deuda. Su pasaporte registra que ha estado en España más de seis veces y hace poco, cuando solicitó la visa para venir a visitarme, solo debía comprobar que tenía el dinero suficiente como para no quedarse lavando platos en algún restaurante de la Gran Vía.
Hace dos días llegó al aeropuerto de Madrid desde Bogotá para pasar la Navidad conmigo. Cansada pero con ilusión, se preparó mentalmente para las 3 horas de espera que preceden al vuelo, las 10 horas de trayecto y la hora que se tarda, minutos más o minutos menos, en cruzar el control de pasaportes y recoger sus maletas.
Quienes la conocen saben que cuando habla no tienen filtro. Pero cuando llegó a la ventanilla de inmigración del aeropuerto de Barajas en Madrid, se quedó sin palabras cuando el policía que la atendió -después de revisar exhaustivamente su documentación- le preguntó por sus extractos bancarios para demostrar que tenía dinero suficiente para pagar su estadía aquí. ¿Extractos bancarios del último año? No suelo cargar con eso el bolso, dijo mi madre ya cansada.
El policía alto, rubio y de ojos azules como lo describió mi madre, solo la miró con desprecio, le dijo que se apartara de la fila y se pusiera ahí, en la esquina. No tardaron en llegar otros dos agentes que la tomaron del brazo, como si a su edad tuviera capacidad para volver corriendo a Bogotá, la llevaron a las dependencias policiales del aeropuerto, la encerraron en un cuarto sin baño, sin ventanas, sola y sin explicaciones. Se quedó muda.
Me contó que durante una hora la entrevistaron tres policías distintos que nunca le respondieron por qué estaba encerrada si tenía su visado vigente. El silencio, el cállese coño, el qué quiere que le diga hostia, y la negativa a dejarla ir al baño fue su bienvenida.
La exención de visado no es una puerta abierta para entrar en la Unión Europea. Ojo con la letra pequeña porque, si hasta ayer era necesario solicitar la visa en la Embajada de España con una carpeta llena de papeles, a partir de hoy lo que hay que hacer es traer la carpeta debajo del brazo. Ya no se necesita visa para viajar a Europa, pero sí se necesitan los mismos papeles que se presentaban hasta ayer para solicitar la visa.
Dice mi mamá que Dios, que siempre me compaña mija, tal vez le ablandó el corazón al último agente que la atendió, porque le preguntó -una vez más- por el motivo de su estadía en Madrid y ella, agotada, dijo que venía a visitar a su nieto. Cuando el policía le señaló que su hija y su yerno figuraban correctamente en los registros policiales, que efectivamente sus tarjetas de crédito y seguro médico estaban en orden, y que francamente no entendía por qué no la habían dejado pasar, éste le preguntó en un tono mucho más amable que por qué no traía la carta de invitación.
Mi madre -la de siempre- le dijo que ella era viuda desde hace más de 20 años, que trabaja desde los 14, que no necesita invitación para moverse por el mundo y que no entendía por qué le estaban pidiendo una carta de invitación si ahí mismo estaba su visa. Esta vez el mudo fue el policía, que tras un rato de silencio le dijo:
Señora, a veces estas cosas pasan. Disculpe y bienvenida a España.
PD: Para quienes estén pensando que mucha bruta por no traer la carta de invitación, que sepan que la carta bajo el brazo y pegadita a la visa, tampoco es garantía de entrada.
TOMADO DE LAS 2 ORILLAS 

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