Del Huila a Nueva York: la historia de un colombiano jefe en el FBI

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Hace 25 años, cuando la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) trató de reclutarlo, Diego Rodríguez se resistió. Estaba recién casado, daba clases de español en una escuela intermedia de Flushing, Queens, y le faltaba poco para obtener una maestría en educación.
Pero ante la insistencia de un amigo de la familia, presentó el examen.

En enero pasado, Rodríguez asumió el cargo de director adjunto de la oficina de campo del FBI en Nueva York, convirtiéndose así en el funcionario de más alto rango en la división más grande de la agencia, con cerca de 2.500 empleados que cubren los cinco condados de la gran manzana y ocho condados adyacentes.
Apenas a un mes de asumir el cargo, su oficina registró el arresto de un médico de Long Island acusado de distribuir drogas, la sentencia de un líder de distrito de Queens que intentó burlarse de una investigación del FBI y las capturas de tres hombres de Brooklyn acusados de conspirar para ayudar al Estado Islámico en Siria.
Pero Rodríguez sigue pensando que la enseñanza es su más alta vocación.
“Me encantaba enseñar”, dijo sentado en su oficina en la sede de Manhattan del FBI. Le gustaba proveer estructura a los estudiantes y ver cómo escuchaban y progresaban. “Fue la carrera más gratificante. Me ha ayudado en todo lo que hago”, dijo.
Hoy en día, la lucha antiterrorista encabeza las prioridades del FBI, dijo Rodríguez. Como muestran las detenciones de Brooklyn, los esfuerzos de reclutamiento en línea por parte de grupos extremistas es una gran preocupación de la agencia, que junto con otras ramas del Gobierno trata de combatir con amplios recursos y tácticas que algunos grupos de libertades civiles han llamado injustas.
Rodríguez dijo que la agencia va adonde la evidencia los lleva.
La lista de cosas por hacer de Rodríguez incluye investigaciones de corrupción de funcionarios públicos y fraude financiero, así como redadas antidrogas, para lo que trabaja estrechamente con los fiscales federales de Manhattan y Brooklyn.
Rodríguez nació en el Huila. Cuando tenía 9 meses, sus padres se mudaron con él y sus dos hermanos mayores a un apartamento en Queens.
En 1990 se unió a la oficina de campo del FBI en Nueva York, donde investigó a las organizaciones de tráfico de drogas y lavado de dinero latinoamericanas y mexicanas. Luego trabajó en Puerto Rico, Miami, en la sede central del FBI en Washington, y más recientemente en Dallas. En todos sus traslados, su esposa y sus cuatro hijas iban con él.
Durante un periodo en Florida, después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, fue testigo del viraje del FBI de la lucha contra las drogas hacia la lucha antiterrorista. En Washington ayudó a reconfigurar el sistema de recolección de inteligencia de la agencia.
“Trabajó en las etapas iniciales de la transformación del FBI de una agencia de investigación que se basada en la evidencia para preparar casos federales para la fiscalía a ser un servicio de seguridad nacional basado en la información”, dijo John Miller, comisionado adjunto de inteligencia y contraterrorismo del Departamento de Policía de Nueva York.
Miller admira a Rodríguez por otra razón: “Es un tipo de Nueva York con una historia y pasión de Nueva York”.
Como jefe de la división criminal del FBI en la capital del mundo entre 2010 y 2012, Rodríguez condujo las investigaciones contra Galleon Group y SAC Capital, y supervisó las detenciones de más de 100 presuntos miembros del grupo mafioso Cosa Nostra.
Durante los últimos dos años, Rodríguez encabezó la oficina de campo del FBI en Dallas. Kevin Kolbye, quien era su segundo allí y ahora es jefe asistente del departamento de policía de Arlington (Texas), dijo que Rodríguez generaba credibilidad como investigador y respeto como líder.
“Es una persona que pasaba un montón de tiempo armando casos”, dijo Kolbye.
Kolbye recordó que en el 2013 Rodríguez se ofreció a ayudar a los investigadores locales de Kaufman (Texas), en donde habían sido asesinados el asistente del fiscal de distrito, el fiscal de distrito y su esposa. En diciembre, un exjuez de paz fue condenado por el crimen y sentenciado a morir por inyección letal.
Departamentos de policía más pequeños a veces se enojan ante la intervención federal, pero Rodríguez dice que le gusta trabajar con la policía local.
En 2013, un abogado que representaba a los carteles de la droga fue asesinado en Southlake (Texas). El FBI terminó arrestando a tres ciudadanos mexicanos que habían acechado al abogado durante dos años.
Una pequeña estatua de bronce de un oficial de policía se encuentra sobre una mesita en la oficina de Rodríguez. La estatuilla, un regalo del departamento de policía de Southlake, tiene la inscripción: “Con profunda gratitud por su amistad y apoyo”.
Ese instinto de colaboración podría resultar vital para sus relaciones con la policía de Nueva York, cuyas, a veces, tensas relaciones con los investigadores federales se volvieron particularmente amargas luego de que en el 2013 salió a la luz que había estado espiando a líderes musulmanes.
Rodríguez ha trabajado estrechamente con la policía de Nueva York, incluso durante el primer mandato del Comisionado William Bratton, a quien Rodríguez denominó un funcionario “de primera categoría”.
“Es genial tener a Diego Rodríguez de vuelta en casa, en Nueva York”, dijo Bratton.
Miller, el jefe de contraterrorismo de la policía neoyorquina, reconoció las tensiones que hubo entre los dos organismos en la última década. “En su mayor parte, esos problemas están en el pasado”, dijo.
A comienzos de año, el director del FBI, James Comey, habló en la Universidad de Georgetown sobre la desconfianza profunda que existe entre la policía y las minorías y los prejuicios raciales percibidos en la actuación policial. Rodríguez dijo que tiene claro la importancia de este tema.
“Es muy importante para nosotros desmitificar el FBI, hacernos más accesibles con la policía y el sector privado”, dijo Rodríguez, quien agregó que quiere salir de su oficina y reunirse con los líderes locales.
Si le alcanza el tiempo, hasta podría visitar una escuela.
REBECCA DAVIS O’BRIEN
The Wall Street Journal
Nueva York

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